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Volviendo a la vida simple

VISIÓN > Temas > Liderazgo G12

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 16:24-25

“Negarse”, en griego, significa afirmar que uno no tiene relevancia o conexión con alguien. Entonces, negarse a uno mismo, significa olvidarnos de nosotros mismos. Es perder de vista a ti mismo y tus propios intereses.

Todos se emocionan cuando hablamos de la Visión, porque todo cristiano está de acuerdo en que debemos ganar a los perdidos. Toda iglesia quiere crecer. Todos están de acuerdo con el concepto de hacer discípulos, y en un mundo lógico es algo que suena sencillo… ganaremos al mundo por medio de 4 pasos simples: Ganar, Consolidar, Discipular y Enviar.

Caminamos por este proceso con una meta sencilla: Conseguir 12, no 100; sino ganar al mundo consiguiendo 12. Fue el ingenio de la vida de Jesús. Podemos ganar al mundo, si ganamos a 12. Es un concepto poderoso y la mayoría de los cristianos aquí dicen ¡sí! ¡Lo creo!. Pero luego, salimos del mundo de conceptos y entramos al mundo de la realidad: un concepto sencillo se convierte en algo complejo.

Esto sucede porque estos conceptos funcionan muy bien en la iglesia, pero en el mundo secular se hace algo más complicado. Es una lucha sobre cómo te sientes contigo mismo y cómo tus compañeros de trabajo se sienten contigo. Todos los temores, las dificultades, las cosas del mundo, salen a la superficie.

Por eso, Cristo, declaró que lo primero que debemos hacer es perder toda conexión con uno mismo, morir a uno mismo, olvidarse de uno mismo. La vida sencilla ocurría en el huerto del Edén. Era una gran escena. Si tú no entiendes bien esto en el discipulado, todo lo demás será muy complicado:

Génesis 1:28 declara que Dios nos bendijo con un propósito: multiplicarnos, llenar la tierra y dominarla. Así que la humanidad vivía en ese mundo sencillo, con una relación con Dios, relaciones interpersonales y un propósito definido.

Sin embargo, en Génesis 3, la serpiente entra al huerto y empieza a comunicar sobre otro mundo. “Yo sé que Dios te dijo que las cosas son así, pero no son así, lo que pasa es que él no quiere que ustedes vean lo hermosas que son las cosas si comen de ese árbol… no morirán, sus ojos se abrirán y sabrán”.

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”.Gen 3:7

La Biblia dice que inmediatamente que dejaron la voluntad de Dios, “conocieron”, pero en realidad murieron tal y como Dios lo había advertido, ya que llegaron a estar conscientes de sí mismos. Ellos no murieron físicamente al comer del fruto: la muerte se manifestó en que ellos llegaron a ser conscientes de sí mismos. Algo tan sencillo como estar preocupados de lo que los demás puedan pensar de mí.

Antes ellos andaban desnudos por ahí y ni siquiera estaban conscientes. Tenían tanta inocencia que no les importaba la apariencia de ellos mismos, ni sabían que estaban desnudos. Al igual como, a veces, sentimos estar desnudos en público en alguno de nuestros sueños... ¡Y no nos importa!

Los científicos dicen que el temor número 1 de los seres humanos es pararse delante de un público a hablar, porque estás parado ante gente y te preguntas si te ves bien, si suenas bien… los pensamientos salen de tu mente y te sientes expuesto. En resumen, a través del fruto viene la muerte espiritual, un sentimiento de inseguridad que para mí es el mayor enemigo de la Visión, es lo que hace la vida complicada.

Jesús dijo que a menos que te olvides de ti mismo, que te niegues a ti mismo y lo sigas, no puedes ser su discípulo. Si no te niegas o te olvidas de ti mismo, niegas o te olvidas de todo lo demás; no puedes seguir a Cristo.

En la Visión la gente cree en Dios y lo ama, cree que debemos ganar a la gente y formar esos 12, pero cuando empieza el día cotidiano se les olvida todo lo importante, e hicieron todo lo que no era importante y se sienten frustrados. Dicen: “Quería orar, alcanzar personas, hacer llamados a la gente… pero no lo hice”.

Cuando la gente sufre de esa autoconciencia, intentan ganar, consolidar, discipular… pero ya llega la hora de la célula y no han hecho cosas para alcanzar esa meta. Ese es el punto: Si no te niegas y te olvidas a ti mismo, te olvidarás de la Visión, pero si te niegas a ti mismo, recordarás la Visión.

A esto lo llamamos “Acudir a la cruz” y estar crucificados con Cristo. Crucificar mi ego, mis pensamientos negativos, mi pecado. Pero por encima de todo eso, significa crucificarme a mí mismo.

Perdimos nuestra vida de simplicidad, inocencia y propósito en el Edén, y caímos en la autoconciencia, aniquilando la Visión. Para que la Visión vuelva a vivir debemos pasar por la muerte y regresar a la simplicidad del propósito divino.

En el cristianismo tradicional la gente asiste a la iglesia, vive en su mundito seguro, cree que estará bien por la eternidad, cantan canciones, escuchan palabras alegres y continúan su diario vivir. Pero la Visión te obliga a tratar contigo mismo, porque la Visión demanda exposición.

Tenías una vida segura, pero cuando llegaste a la Visión tu líder te dijo: “Ve y gana almas”, y la gente se asusta porque todo está bien hasta que están parados frente a uno que está perdido. “¿Qué voy a hacer? ¡Yo no estoy listo! ¡No me acuerdo ni de un versículo!” y se quieren quedar en Escuela de Líderes de por vida.

Eso es la iglesia tradicional, puedes pasar la vida entera en las clases de la iglesia sin enfrentar tus temores, tu inseguridad, la vergüenza. Pero la Visión te dice: Sal y enfrenta tus temores, sal de tus excusas religiosas, deja de decir que no puedes, empieza a decir: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

No es sólo ganar, luego sigue consolidar. Si lograste ganar a una persona, luego le tienes que hacer la llamada de seguimiento y esa temida visita a su casa, la cual produce más inseguridad, más temores, más “no puedos”.

Si tú no le enseñas a tu gente a tratar consigo mismos, a que se nieguen y mueran a la autoconciencia, y a que aprendan a vivir en un mundo simple, ellos te culparán a ti y a la Visión por su vida miserable e insegura, y te dirán: “fue la Visión la que arruinó mi vida”, dirán: “Otra gente crece mientras yo estoy fracasado, no puedo hacer nada para Dios”. No fue la Visión la que lo hizo, sino que no se les enseñó el negarse a sí mismos.

El pastor debe dejar atrás sus inseguridades y aprender a caminar en el Espíritu Santo. Una vez que aprenda a vivir así, debe enseñar a su equipo a vivir así. Todos los que tienen éxito en la Visión, viven en un mundo diferente.

La vida sencilla de Adán y Eva antes de desobedecer a Dios, consistía en 3 cosas:
1. Eran conscientes de Dios
2. Eran conscientes de los demás
3. Eran conscientes de su Visión

A este punto debes llevar a tus discípulos, sacarlos de su autoconsciencia que consta de cosas como éstas:
1. Vergüenza y culpabilidad
2. Inseguridad e intimidación
3. Comparación y competitividad
4. Preocupación y ansiedad
5. Depresión y desánimo

Estos aspectos son la manifestación de la muerte espiritual en la vida humana. Los que se han suicidado, lo hicieron porque no podían dejar de criticarse a sí mismos, estaban severamente deprimidos, no podían dejar de estar conscientes de sí mismos.

La vida que Dios tiene para ti te libra de todas estas maldiciones. Es una vida simple, y llega a ser sencilla cuando vamos a la cruz. Jesús dijo: "si alguno quiere seguirme y ser mi discípulo..." Si quieres esta Visión, empieza aquí: Niégate a ti mismo, desconéctate de ti mismo, olvídate de ti mismo. Luego podrás tomar la Visión y seguirme.

Pablo dijo: “yo muero a diario”. Esto no es algo de una Convención. Es algo que debe suceder a diario, cuando vamos a la cruz. Es en la cruz donde entramos al mundo de la simplicidad, sin estrés, sin presiones; sólo relaciones y una visión clara, estando conscientes de lo que en verdad importa: las necesidades de los demás, las metas, estrategias y planes de Dios para mi vida.

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