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ENFRENTANDO LA VIDA > Milagros de Hoy
Ki Dong Kim
Extraído de La Sanidad de Cristo y sus manifestaciones divinas en mi vida
Dos meses después, cuando regresaba de otra reunión, un diácono me estaba esperando. Desde que me había trasladado a este lugar, él había estado muy pendiente de mí. Cuando me saludó, me conto que Noh, la diaconisa, había muerto de una enfermedad de la cual nadie sabía. Esto fue como haber llevado una enfermedad en secreto. Ella fue una persona que colaboró bastante en la iglesia.
Tanto su esposo, quien era inconverso, con sus hijas, estaban discutiendo en cuanto al servicio funerario, dado que no se quería realizarle uno cristiano, puesto que había fallecido en la iglesia.
La muerte de una sierva tan diligente como esta, llegó como una sorpresa cuando la iglesia estaba creciendo de una manera increíble. El diácono me dijo que la gente me había estando esperando para que de alguna manera pudiera resolver el problema. Tanto así que los incrédulos del vecindario no dudaban en llamarme "El poderoso hombre de Dios".
Estando cerca de su casa, sentí que mi fe se llenó de un poder indescriptible como en ocaciones anteriores, y de una manera grandiosa, la palabra del Señor alumbró mi mente y me colmó de valor.
"Lázaro está dormido"
"La hija de Jairo está dormida"
"El hijo de la viuda de Naín está dormido"
"El Señor llama a los muertos como si estuvieran vivos"
"Por lo tanto, la diaconisa Noh está dormida"
"Debo despertarla con las palabras del Señor"
Después de haber repetido esos versículos una docena de veces, todo mi ser se llenó de una gran fe. Al llegar al hogar, su esposo estaba borracho y hablando duro en contra de la iglesia. Entrando directamente a la habitación en donde se encontraba el cuerpo de la diaconisa Noh, dirigí una pequeña oración.
Desaté todas las cosas con las que habían envuelto el cuerpo de Noh, coloqué mis manos debajo de sus hombros y la levanté, hasta que quedó finalmente sentada, aunque con un poco de dificultad. Un minuto mas tarde, ella respiró profundamente y abrió sus ojos. El cuarto se llenó de gran gozo, de alabanzas y de oraciones. El diácono que estaba a mi lado dijo: "Yo sabía que si el maestro Kim venía, ella iba a vivir"
"Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia." (Mateo 10:8)
Estas eran las propias palabras de Jesús. No podían haber dudas.
"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12)
Debemos saber que estas palabras permanecen hoy en día de una manera poderosa, por encima de todas las ciencias.